EN MEMORIA DE JESÚS REYES HEROLES

Con motivo del 99 aniversario del Natalicio de Jesús Reyes Heroles, El Colegio de Puebla A.C. rinde homenaje a tan ilustre pensador y educador mexicano. Jesús Reyes Heroles nació el 3 de abril de 1921, en la ciudad de Tuxpan, Estado de Veracruz, México, sus padres fueron Jesús Reyes y Juana Heroles, su educación y formación tuvo lugar en su ciudad natal, así como en Tampico, Ciudad Victoria, San Luis Potosí y la capital del país.

Realiza estudios de posgrado en las universidades argentinas de Buenos Aires y la Plata, así como en el Colegio Libre de Estudios Superiores de Buenos Aires. Hasta la década de los cuarenta, dedicó su vida al estudio y formación intelectual, a partir del análisis de los clásicos humanistas, teólogos, ilustrados y liberales de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX.

La década de los sesenta, atestigua su desempeño como legislador, historiador, y administrador público; en los setenta, como ideólogo del partido en el poder y como Secretario de Gobierno en la década de los ochenta, alcanza su consolidación como estadista, al frente de la Secretaría de Educación Pública del país.

La profesión de Jesús Reyes Heroles se inicia con la obtención del título de Licenciado en Derecho en 1944, concreta su experiencia académica como docente en La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y en el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Su actividad intelectual deja huella en diferentes campos: como político, como historiador, pensador, ideólogo, escritor, orador, educador, y servidor público; su trayectoria es difícil de superar. Hombre de pensamiento y acción, resulta un sujeto y objeto de estudio obligado, cuya labor será detenida con su fallecimiento el 19 de marzo de 1985, en Denver, Colorado, EE:UU.

DISCURSO DEL LICENCIADO JESÚS REYES HEROLES pronunciado en ocasión de la XXII Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, París, 27 de octubre de 1983.

Seguramente esta XXII Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, dará lugar, como las precedentes, a fructíferos debates y a la determinación de importantes orientaciones y líneas de acción en los campos de la educación y la cultura.

Nadie puede negar los avances logrados en la vida breve pero intensa de esta institución, en las finalidades y objetivos que persigue, y que mediante la coincidencia de voluntades busca implantar métodos y medios que hagan la educación accesible al hombre, preserven la identidad nacional y los valores de las distintas culturas y, al mismo tiempo, contribuyan y se nutran de la cultura universal.

En el mundo que habitamos, que más que de postguerra ha sido de interguerras, por bien localizadas que éstas estén, en este contexto mi gobierno ha expresado su profunda preocupación por los recientes sucesos ocurridos en el Caribe, acción que agravara la situación en dicha área y América Latina y crea nuevos peligros para la coexistencia pacífica entre los Estados de la región. Pues bien, una de las pocas cosas que inducen al optimismo es la fe en la educación y la cultura. Frente a quienes consideran inexistentes o muy endebles las posibilidades de una escuela nueva, en tanto no se forme una sociedad distinta a la presente, nosotros reafirmamos nuestra confianza en la gravitación que la escuela tiene en la sociedad, su peso y densidad y sus efectos transformadores, que hacen posible que la nueva escuela sea instrumento para llegar a una nueva y mejor sociedad, que conjugue justicia y libertad, certidumbre y bienestar social y espiritual.

El hilo conductor de la política educativa mexicana ha sido el reconocimiento de una relación dialéctica entre la sociedad y la educación: la sociedad orienta a la educación y dicta sus características; mas, a su vez, es guiada por la educación y es ésta la que siembra los proyectos que desarrollarán el futuro.

La esperanza en un mundo único no tiene otro camino que el de reconocer la diversidad, la diferencia, la pluralidad distintiva que lo caracteriza, el derecho de cada país a escoger el modelo de sociedad que desee, y la ruta para llegar a él es principio fundamental, no sólo para la convivencia pacífica de las naciones, sino también para obtener la complementariedad que permita que todos los pueblos y gobiernos de la Tierra se ayuden entre sí.

Con nuevas ideas y experiencias se logran sopesar debidamente los tiempos difíciles que vivimos, en que no hay que olvidar, sino tener muy presentes, los grandes riesgos, los numerosos peligros a que estamos expuestos. Recordemos en un pasado no remoto las respuestas negativas que una situación parecida a la que atravesamos generó: dirigentes que, a falta de sapiencia, equilibrio y sosiego, erigieron la intuición irracional en sistema de gobierno, y masas que cayeron en una instintiva desesperación y fueron fácil presa de prédicas estadolátricas. Rechacemos a ideólogos del poder por el poder, que con diferente ropaje vemos en nuestros días.

¿Hemos superado el doble miedo, el de quienes temen perder lo que poseen y aquél de quienes temen sucumbir por no poseer? ¿Hemos conseguido que la lucha del hombre no sea contra el hombre sino contra el hambre? Por supuesto que no.

Lamentablemente estamos muy lejos de la obtención real del derecho social fundamental del hombre, por el cual se lucha desde el siglo pasado: el derecho al trabajo. Similar comentario puede formularse sobre la universalización del derecho que toda persona tiene a la educación, de conformidad con el Artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, de las Naciones Unidas.

Los recursos de la humanidad siguen distrayéndose y ni la revolución electrónica en la enseñanza, ni el progreso tecnológico alientan o ayudan a los países en vías de desarrollo, los que, con frecuencia, han obtenido poco a un costo muy alto.

Como se ha establecido, algunos grupos culturales íntegros han perdido su identidad en aras de un desarrollo frío, dilapidador y en ocasiones contraproducente. En otras partes, como en mi patria, coexisten zonas de alto desarrollo económico y consumos conspicuos con colectividades enteras al margen de la economía o dentro de economías primitivas cerradas; se padecen, por igual, los males o enfermedades del subdesarrollo y los males o enfermedades del desarrollo desordenado.

Aquellos que creyeron que el desarrollo por si acabaría con el analfabetismo y el atraso educativo comprueba su error, así como lo constataron quienes pensaron que la educación en todos sus niveles eliminaría por si el subdesarrollo económico y social. Aún conservamos la paradoja de que, en zonas de relativo auge económico en varios países, el analfabetismo aumenta por migraciones internas y, con frecuencia, las necesidades económicas conducen a desarrollos enajenantes y aniquiladores.

Atrás de todo ello y haciendo caso omiso de los simplismos, hay que ubicar las causas fundamentales de esta situación. La plena expresión del espíritu humano se ha visto coartada por nuestra incapacidad de brindarle las oportunidades para su cabal formación.

La responsabilidad de la UNESCO en este difícil tránsito de la humanidad no debe soslayarse. Consta en su acta constitutiva que la búsqueda unánime de la paz debe establecerse, ante todo, en la solidaridad intelectual y moral del linaje humano, pues es en la mente de los hombres donde se fraguan las guerras y también donde deben construirse las defensas de la paz.

Necesitamos una fortaleza enorme para la empresa común que nos reúne: hacer que este orbe encogido crezca espiritualmente, para que esté a la medida del hombre y de su libertad y dignidad. Contamos con el poder de las ideas, porque con ellas y por ellas es posible concentrar el saber y hacer humanos; con el poder del pensamiento se puede concentrar el mundo en el hombre y extender a éste en el mundo, ampliando sus horizontes, de tal manera que el horizonte de un individuo, sea cual fuere la latitud en que se encuentre, sea el horizonte de todo el planeta.

A partir de 1921, México inicia un esfuerzo educativo, que se ha mantenido por décadas. Al mismo tiempo que comienza la alfabetización, se extiende la educación elemental y se impulsa la investigación científica, tecnológica y cultural. Los resultados han sido positivos pero no están a la altura de las necesidades.

Esta expansión sostenida no ha dejado de dar lugar a agudos problemas, de tal manera que el Presidente de la República, Miguel de la Madrid Hurtado, ha planteado la necesidad de introducir en el sistema educativo no simplemente parches o remiendos, o meras reformas limitadas; ha postulado toda una revolución: que deseche hábitos, venza intereses creados, elimine rutinas, haga a un lado métodos anquilosados, cambie usos, agrupe o consolide centros de estudios superiores en los estados de la República y realice esfuerzos sistemáticos para conciliar en éstos masa y calidad; intente verdaderos cambios para obtener la calidad educacional, la conexión de formación, trabajo y rendimientos, pues, dada la situación económica del país, estamos obligados a hacer más con menos, según palabras del Presidente de la República.

Parte sustancial de la revolución educacional radica en armonizar legalidad y realidad, para que la acción modificadora del derecho se obtenga. Bajo estos auspicios se ha emprendido el proceso de descentralización de la educación que busca una mejor calidad en ella, combatiendo la hipertrofia que hoy por hoy nos invade.

La movilización de la sociedad es el único camino para poner en marcha la revolución educativa, que haga posible extender la letra y la cultura, modernizar y mejorar la enseñanza y desterrar en definitiva los métodos obsoletos, que no logran que el educando aprenda a pensar por cuenta propia.

Somos una nación pluricultural: tenemos 56 etnias que hablan más de medio centenar de idiomas y múltiples variantes dialectales. De aquí que practiquemos y estemos empeñados en ampliar la educación bilingüe. Vamos a reforzar nuestro acervo cultural, salvaguardando y enriqueciendo las raíces pluriétnicas que lo componen.

Represento a un país con una larga historia, que sin temor de ninguna especie incorpora ideas universales y las adapta a sus propias realidades; que, sin miedo de ningún género, asimila lo bueno que de lejos recibe y lo acrecienta con nuevas ideas y nuevos métodos de acción. Represento a un país que, por su pasado y su presente, por haber sido protagonista de la primera revolución social del siglo XX, puede contribuir a lograr la síntesis histórica que los siglos venideros demandan.

En el juego de fuerzas en la navegación a vela, no es raro que una pequeña fuerza detenga o debilite a la mayor, pues, con el clásico: "No siempre vence la mayor fuerza. Al curso de una nave detiene una pequeña rémora" (Saavedra Fajardo). Sean, por lo tanto, los esfuerzos de la UNESCO la rémora que detenga las fuerzas de la desesperación, el miedo y el irracionalismo.

José Garcilazo Bedolla apunta: Jesús Reyes Heroles, como humanista que es, piensa e impulsa un humanismo a partir de su concepción antropológica, es decir de “la idea del hombre, como libertad y como justicia en la sociedad”. Se refiere al mexicano libre, justo y solidario, prerrequisitos éstos para avanzar hacia la igualdad y bienestar de los hombres, fundamento de lo que él llama “humanismo social”, que “no supone el estudio de los clásicos por ser clásicos, sino por ser humanos; que no desdeña, en aras individualistas, los méritos nacionales, la esencial peculiaridad, pero que tampoco subestima la idea de hombre a lo pintoresco y menos al nacionalismo agresivo” (Reyes, 1975: 351).

Un humanismo de esta naturaleza requiere de instituciones e instrumentos que lo formen, cultiven e impulsen. Es así como Jesús Reyes Heroles le apuesta a la escuela y a la educación humanista. Ésta, según él, “debe enseñar al hombre a saber y a querer, a saber qué es lo que quiere y a querer aquello que sabe que es bueno para sí y sus semejantes”.

La solidaridad es uno de los ejes del “humanismo revolucionario” de Jesús Reyes Heroles y una condición para alcanzar la igualdad entre los hombres. Gracias a ella, según él, la persona supera su individualismo y hace suyos los valores colectivos. El hombre se humaniza en su relación dialéctica con humanos; rebasa, así, el concepto mismo de solidaridad y lo lleva hasta el de la interdependencia social y, por tanto, humana.

Jesús Reyes al hablar de la política internacional de México argumenta que si bien, se debe ser respetuoso y no intervenir en los asuntos internos de otros países, “sí debe haber una solidaridad indisoluble entre los pueblos de América Latina, que, por tener una conciencia común, coincidencias históricas fundamentales y metas que también coinciden en lo esencial, deben luchar por aspiraciones comunes”.

Al hablar sobre la libertad, Jesús Reyes Heroles lo hace en un sentido amplio y a partir de su doctrina de “liberalismo social”. No concibe la libertad en singular, sino como un conjunto de libertades fundamentales, agrupadas en libertades espirituales y políticas. Estas libertades serán una realidad siempre y cuando exista justicia social.

La libertad, para Jesús Reyes Heroles, es resultado o consecuencia del “humanismo social”, puesto que exige el debilitamiento de la desigualdad y el fortalecimiento de la democracia, “para que cada hombre, desenvolviéndose de acuerdo con sus ímpetus interiores, contribuya a encontrar las metas comunes, los ideales generales, y sirviéndose a sí mismo sirva a la colectividad a la que pertenece”.

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