HUMANIDAD Y SABIDURIA

Al siglo XX se le conoce como “El siglo de las luces y las sombras”, fue definitivo en la historia de la humanidad, por grandes avances en la ciencia, tecnología y por los profundos cambios sociales y políticos que cambiaron la vida de las naciones y el panorama internacional.

Es calificado como uno de los más violentos, trágicos y de fuertes creencias que nos ha tocado vivir, destacándose la crueldad y el progreso al mismo tiempo. Por primera vez en la Historia, contamos con los medios para llevar a hombres y mujeres a una solidaridad mundial de abundancia compartida, y sin embargo, vamos a gran velocidad en dirección contraria y con la amenaza de querer destruir todo aquello que llamamos civilización.

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Amin Maalouf en su libro El naufragio de las civilizaciones dice: “hoy vemos conflictos en los lugares que son herederos de las más antiguas civilizaciones, el mismo fenómeno se repite en Europa y América, originando un naufragio espiritual generalizado. Mientras la utopía comunista se hunde en el abismo, al triunfo del capitalismo lo acompaña una explosión obscena de las desigualdades, hecho que quizá halla una razón de ser en la economía; pero en el ámbito humano, en el ámbito ético y desde luego también en el ámbito político, supone innegablemente un naufragio”, fin de la cita.

Karl Marx en los Manuscritos Económicos y Filosóficos menciona: “si queremos influir sobre los hombres, debemos ser hombres que actuemos sobre los demás de una manera realmente estimulante y promocionante.

Todas nuestras conductas respecto del hombre y de la naturaleza deben ser manifestación cabal, correspondiente al objeto perseguido de nuestra vida real individual. Si amamos sin suscitar un amor que nos corresponda, es decir, si nuestro amor como tal no produce un correspondiente amor, si mediante nuestra exteriorización vital como hombres amantes no nos volvemos hombres amados, ese amor es impotente, es una desgracia”.

Ante este contexto, cobra vital importancia el mensaje del Papa Francisco pronunciado el pasado 20 de marzo en el Vaticano que a la letra dice:

“Puedes tener defectos, estar ansioso y vivir irritado algunas veces, pero no te olvides que tu vida es la mayor empresa del mundo, sólo tu puede evitar que ella vaya en decadencia. Hay muchos que te aprecian, admiran y te quieren. Me gustaría que recodaras que ser feliz, no es tener un cielo sin tempestades, camino sin accidentes, trabajos sin cansancio, relaciones sin decepciones, ser feliz es encontrar fuerza en el perdón, esperanza en las batallas, seguridad en el palco del miedo, amor en los desencuentros.

Ser feliz no es sólo valorizar la sonrisa, sino también reflexionar sobre la tristeza. No es apenas conmemorar el éxito, sino aprender lecciones en los fracasos, no esperas tener alegría en los aplausos, sino tener alegría en el anonimato.

Ser feliz es reconocer que vale la pena vivir la vida, a pesar de todos los desafíos, incomprensiones, y periodos de crisis.

Ser feliz no es una fatalidad del destino, sino una conquista para quien sabe viajar para dentro de su propio ser.

Ser feliz es dejar de ser víctima de los problemas y volverse actor de la propia historia, es atravesar desiertos fuera de si, mas ser capaz de encontrar un oasis en lo recóndito de nuestra alma, es agradecer a Dios cada mañana por el milagro de la vida.

Ser feliz es no tener miedo de los propios sentimientos, es saber hablar de si mismo, es tener coraje para oír “un no”, es tener seguridad para recibir una crítica, aunque sea injusta.

Ser feliz es besar a los hijos, mirar a los padres, tener momentos poéticos con los amigos, aunque ellos nos hieran. Ser feliz es dejar vivir a la criatura libre, alegre y simple, que vive dentro de cada uno de nosotros.

Ser feliz es tener madurez para decir ‘me equivoqué’, es tener la osadía para decir ‘perdóname’, es tener sensibilidad para expresar ‘te necesito’, es tener capacidad de decir ‘te amo’.

Que tu vida se vuelva un jardín de oportunidades para ser feliz. Que en tus primaveras seas amante de la alegría. Que en tus inviernos seas amigo de la sabiduría, y que cuando te equivoques en el camino, comiences todo de nuevo, pues así serás más apasionado por la vida y descubrirás que ser feliz no es tener una vida perfecta, si no usar las lágrimas para regar la tolerancia; usar las pérdidas para refinar la paciencia; usar las fallas para esculpir la serenidad; usar el dolor para lapidar el placer; usar los obstáculos para abrir las ventanas de la inteligencia.

Jamás desistas. Jamás desistas de las personas que amas. Jamás desistas de ser feliz, pues la vida es un espectáculo imperdible!”

Con este mensaje holístico, el Papa Francisco deja constancia de su profundo conocimiento del ser humano, a la vez nos recuerda que el conocimiento no nos debe llevar a perder la capacidad de asombro, que cuanto más conocimiento poseemos, debemos tener más abierta la mente sin perder la sensibilidad; ser sabios, porque la sabiduría nos ayuda a comprender que no sabemos nada; y a conocer la realidad para ser consciente de nuestros actos y forma de vida.

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