JOSÉ MARIA ALBINO VASCONCELOS CALDERON

28/02/1882 – 30/06/1959

UNAM
VASCONCELOS

Nació en la ciudad de Oaxaca.

A finales de 1906, se casó en Tlaxcala con Serafina Miranda.

En 1907 obtuvo el título de licenciado en derecho en la Escuela Nacional de Jurisprudencia.
Participó en la fundación del Ateneo de la Juventud en 1909.

Se incorporó al movimiento maderista.

9° Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México 09/06/1920-12/10/1921.

EL lema: “Por mi raza hablará el espíritu” y el escudo de la UNAM es creación de José Vasconcelos.

En la Convención de Aguascalientes 10/10/1914 figuró como ministro de Instrucción Pública.

Secretario de Educación Pública 12/10/1921-02/07/1924.

Hilda Fingermann y José Félix García Benavente estudiosos de las ciencias de la educación y biógrafos de José Vasconcelos coinciden en que: “Como educador y humanista promovió el arte y la cultura, editó libros que difundieron el pensamiento occidental por todo el país; diseñó planes para popularizar la educación, a la que consideró debe ser para quienes la imparten un apostolado, contribuyendo a la masificación de la enseñanza no solo el compromiso de los docentes y demás profesionales de la educación, sino el de toda la ciudadanía.

Defendió el origen mestizo de la cultura mexicana, como parte de su nacionalidad y tener ese aspecto muy en cuenta a la hora de educar en la cultura aborigen, aunque reivindicando el legado de la cultura española, gracias a la cual se había logrado el progreso; sumando entre los objetivos educativos la vocación de servicio, la solidaridad y la promoción del progreso social, para lo cual la industria debería ser un medio”.

“Yo no vengo a trabajar por la Universidad, sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo”.

Pronunciamiento de Vasconcelos al ser nombrado Rector de la entonces Universidad Nacional, lineamiento que marcó su trabajo al frente de los universitarios.

El sentido de educación de José Vasconcelos comprende, tanto la transmisión del conocimiento como la habilitación a la vida productiva. Vasconcelos en uno de sus discursos señala: no hablo solamente de la educación escolar, al decir educación me refiero a una enseñanza directa de parte de los que saben algo, a favor de los que nada saben; me refiero a una enseñanza que sirva para aumentar la capacidad productora de cada mano que trabaja y la potencia de cada cerebro que piensa, el que sabe debe tomar bajo su tutela al que no sabe, y el que produce, debe enseñar al otro a producir, mejorando sus condiciones de vida y de producción, en orden a elevar la calidad de vida no sólo del individuo, sino de la nación entera, dejando de lado toda la instrucción enciclopédica que se queda en minucias y pierde de vista la vida misma.

Tomemos al campesino bajo nuestra guarda y enseñémosle a centuplicar el monto de su producción mediante el empleo de mejores útiles y de mejores métodos. Esto, es más importante que adiestrarlo en la conjugación de los verbos, pues la cultura es un fruto natural del desarrollo económico. Los educadores de nuestra raza deben tener en cuenta que el fin capital de la educación, es formar hombres capaces de bastarse a sí mismos y de emplear su energía sobrante en el bien de los demás. Esto que teóricamente parece muy sencillo es, sin embargo, una de las más difíciles empresas, una empresa que requiere verdadero fervor apostólico.

Para resolver de verdad el problema de nuestra educación nacional, va a ser necesario mover el espíritu público y animarlo de un ardor evangélico, semejante, como ya he dicho, al que llevara a los misioneros por todas las regiones del mundo a propagar la fe. El fin de la educación es establecer el desarrollo y la autonomía del individuo, pero en el marco de la vida social de la cual se torna deudor y sujeto obligado a colaborar a favor de los más débiles, la educación tiene una especie de hipoteca social, pues el saber no es para ser más, sino para servir más a los demás, de manera particular a los que viven en situación de desventaja social.

La instrucción pública ya no era un lujo como durante la Edad Media, sino una necesidad imperiosa para México, la educación es un derecho para todos y no para una clase privilegiada, todos los hombres tienen derecho al bienestar y a la luz, la historia nos demuestra que sólo cuando todos o casi todos sus habitantes han sido libres y fuertes, igualmente libres y fuertes no sólo en los derechos teóricos, sino también en las posesiones materiales y en la educación personal, los pueblos han alcanzado la grandeza y a eso debe aspirar la sociedad en su conjunto, la sociedad debe ser construida a la medida del hombre.

Educar es preparar al individuo para determinado propósito, unas veces son las condiciones sociales, otras veces la escuela, pero siempre encontramos que el propósito de la educación es modelar a los hombres para el desempeño de una función social, la educación en México debe rescatar el movimiento social latente en la Revolución Mexicana, a fin de modelar un nuevo ciudadano para una nueva sociedad, estamos procurando transformar el medio que nos rodea para que pueda producir hombres mejores; estamos cambiando para poder tener no simplemente habitantes, sino ciudadanos y hombres. Y no vacilo en afirmar que la base de nuestro sistema educacional reside en una mejor distribución de la propiedad y de los productos del trabajo, una resolución justa del problema económico es el primer paso de la reforma educativa sí nuestra finalidad es como lo he definido anteriormente, crear hombres libres y no esclavos.

Quien educa no sólo instruye o ilustra, sino que ayuda a la actualización del potencial humano, que elevándose sobre la materialidad es capaz de transformar el entorno natural y adaptarlo a sus propias necesidades y proyectos. Es gracias a la educación que se supera la ignorancia, que es la causa de la injusticia, y la educación, suprema igualitaria, es la mejor aliada de la justicia.

CONVENIOS