La presencia y respeto por las mujeres, la nueva historia.

“Para liberarse, la mujer debe sentirse libre, no para rivalizar con los hombres, sino libres en sus capacidades y personalidad”. Indira Gandhi

Desde los años 70 se comenzó a equilibrar la población de las mujeres con los hombres en el mundo y en nuestro país. En 1975, aconteció el primer Congreso Internacional que celebraba el Año Internacional de la Mujer y se emplazaron en México, sin embargo, habría que decir que esto aún no representaba algo diverso a una simple anécdota, que no tenía dentro del discurso de las políticas públicas una verdadera importancia, pues el desarrollo en esos tiempos centraba su atención en la familia, sin particularizar en el género consideración especial alguna.

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Como hemos venido observado, tanto analistas como profesionales preocupados por el tema, las políticas de desarrollo desde entonces han dirigido su atención hacia las mujeres como eje para, a partir de ellas, generar proyectos que resuelvan asuntos graves dentro de la sociedad como pobreza, violencia o educación. Esto acontece en el orden mundial y en el plano nacional y local, la inquietud es semejante.

En la actualidad, casi cincuenta años después, cuando ya más de la mitad de la población son mujeres, el 51,76 por ciento, y habría que admitir que, desde hace por lo menos 15 años, en que las políticas que atienden y redimensionan el papel de las mujeres, tanto en la vida política como en su participación en la convivencia social y cultural y, con especial énfasis, en el sector económico, su importancia crece cada día.

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Asimismo, su importancia es tal que las reformas Constitucionales (3º y 4º, primordialmente), sobre todo las relativas a la igualdad y equidad han tenido reformas sustantivas en beneficio del núcleo femenino. Destaca a últimas fechas, que las regulaciones que procuran salvaguardar tanto la vida como la importancia del papel de la mujer y, dentro de este contexto, evitar la violencia contra ellas y la total consideración hacia sus actividades y sobre todo el respeto hacia su presencia. (No omito señalar que es la propia mujer con su trabajo, valor y presencia, la que ha dado pie a todo lo anterior)

Y, sin embargo, su participación en la vida activa, pese a que ha aumentado significativamente, aúno no permite que nos asomemos a la igualdad sustantiva que se promueve con vigor desde las esferas políticas más significativas de nuestro país.

Ahora podríamos decir que, aunque han mejorado sustantivamente, sobre todo en el acceso a los puestos de mando (de elección popular, por ejemplo, donde los partidos están obligados por ley a mandar 50% de sus candidatos a la contienda electoral) y de toma de decisiones el porcentaje de mujeres, tendríamos aun que aceptar que la baja influencia e injerencia de éstas en la real toma de decisiones económicas y políticas fundamentales, asunto que aun obedece a la existencia de barreras tanto estructurales como ideológicas que privan en la sociedad en general.

Si pensamos que, dentro del gabinete del pasado gobierno federal, la distribución por sexo de los secretarios(as) de estado revela que, en 2018, era del menos del 20% de mujeres y en la actualidad son alrededor del 50% (2021). U otro ejemplo muestra que, en la actual legislatura de la Cámara de Senadores, las mujeres representan 50.8 por ciento del total de senadores (128). (En contra ejemplo, en la Suprema Corte de Justicia de la Nación solo el 2% son mujeres).

De la misma forma en la Legislatura de la Cámara de Diputados la representación femenina corresponde a 48.2 por ciento de los quinientos diputados. Sin embargo, esto no debe hacernos pensar que el asunto, por más que avance, ya se haya resuelto, pues podríamos tomar el ejemplo de las presidencias municipales , considerando que es el municipio en primer eslabón de la autoridad y los ciudadanos, donde solo poco más del 20% son mujeres, (Inmujeres, 2020) lo que nos lleva a pensar que aún no aterrizan no tanto las intenciones políticas sino las barreras culturales que arriba señalo y las costumbres y la falta de una vigencia y aprehensión real de las leyes en cuanto más se aproxima a la población en general, al ciudadano de a pie, como se dice en los medio de comunicación.

Por todo ello, considero que las instituciones, sobre todo aquellas que son el primer contacto con los ciudadanos deben poner su esfuerzo y colaboración en divulgar y fomentar el empoderamiento de las mujeres, en promover el respeto de ellas y, sobre todo, reconocer sus talentos y capacidades para construir una sociedad justa, equitativa y de corresponsabilidad cultural.

Antonio Hernández y Genis

CONVENIOS